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24
Junio


LA OBEDIENCIA

Artículo de opinión (*) En su libro The Invention of Autonomy, Jerobe B. Schneewind, afirma que la antigua “moralidad de la obediencia” fue superada por la llamada “autonomía moral” de la Ilustración. Con estas afirmaciones Schneewind oponía autonomía moral y obediencia, además consideraba a esta última algo parecido a un defecto, a su entender por su falta de racionalidad. Hans-Georg Ganader en su libro Verdad y método, contrariamente a lo que proponía Schneewind, atribuye la noción contemporánea de “autoridad” entendida como aquella a la que se le debe una obediencia ciega, a la deformación que sufrió ese concepto en la Ilustración. El rechazo de la autoridad por los ilustrados, dice Ganader, les impidió verla como lo que es, una fuente de verdad. Simone Weil, cuando habla sobre el tema dice que la obediencia es como a una de las “necesidades vitales del alma”. La filosofía francesa cree que la obediencia, tanto a reglas como a personas, implica consentir con el único límite de las experiencias de la conciencia, por lo que no hay en ella, cuando se ejerce virtuosamente, un sometimiento ciego a un poder dogmático como pensaban los ilustrados. Las relaciones interpersonales están sujetas en su mayoría a lo verbal, allí se establece una práctica: el asentimiento. En la conversación asentimos a la verdad, en la obediencia al mandato. En los dos casos se supone verdadera comprensión del proceso, sea lo recto de la argumentación o la legitimidad del obedecer. Aquí también se establece una relación de responsabilidad del individuo, este puede asentir al diálogo si tiene certeza de lo argumentado o puede obedecer si cree que el mandato es bueno. En nuestra cultura e imaginario la obediencia es una virtud que debe ser cultivada y que sirve para acrecentar y mejorar nuestras relaciones sociales. En los programas educativos basados en valores está presente. Y se enseña desde muy niños tanto en la escuela como en el hogar. El niño obediente es considerado “bien educado”. En la Universidad, la obediencia es un valor que se cultiva y se promociona ya que es parte del éxito personal y profesional. La persona obediente es empática y respetada por todos los miembros de su comunidad. Sin embargo, cuando salimos a la calle nos topamos con otra realidad. En este momento, los habitantes del mundo vivimos bajo estrictas normas de aislamiento social debido a la covid-19, enfermedad que se ha extendido por el mundo y está dejando miles de muertes a su paso. Estas medidas tomadas por el gobierno central y que son de cumplimiento estricto se han visto empobrecidas por la desobediencia. Las personas que no acatan el confinamiento y el distanciamiento social son repudiadas y legalmente plausibles de recibir multas y penas privativas de la libertad ya que constituyen un factor de riesgo que atenta contra la vida y la salud de las personas, además de generar muchos gastos que podrían evitarse y así seguir avanzando con la lucha para terminar con este problema de salud pública. Es importante y pertinente tener presente esta virtud y cumplirla, los hechos nos muestran a diario de que uno de los problemas para mitigar el impacto covid-19 es precisamente la ausencia de la obediencia, una referencia sencilla de ello es ver cómo los departamentos donde más se incumple con el confinamiento y la distancia social son los que más contagios y muertes ostentan en los cuadros estadísticos, la capacidad para enfrentar con éxito la pandemia en estos lugares es cada vez menos, simplemente porque no saben obedecer. Es el momento de repensar nuestra conducta social y establecer objetivos para lograr el progreso tan esperado por todos pues el nuevo contexto que se nos presenta, obliga a mejorar nuestra relación de confianza con las autoridades porque es una condición básica para que funcione la obediencia. La confianza mutua es impostergable, tanto los ciudadanos como las autoridades deben generar resultados predecibles y que tengan un impacto positivo para la sociedad y de esta forma minimizar los efectos dañinos de eventos no deseados o efectos mariposa por no tener iniciativas oportunas y eficientes o simplemente por no hacer caso a las órdenes impartidas por las autoridades. Otro objetivo es apoyar las iniciativas personales para que tengan un efecto multiplicador y de esa forma terminar con las consecuencias funestas que estamos viviendo. En la religión la obediencia tiene una larga tradición. Ignacio de Loyola decía “lo blanco que yo veo, creer que es negro, si la iglesia jerárquica así lo determina” y Escrivá de Balaguer aseguraba: “obedeced como en manos del artista obedece un instrumento…”. *Mg. Juan Manuel Raunelli Sander Director de la Escuela Profesional de Ingeniería Económica USS
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